Daniel nuestro de todos los días.
Venga a nosotros tu hermosura de amante,
de hijo, de hermano.
De tu cerebro denso y de tu cuerpo eléctrico
que lucha inquieto por volver a ver la luz de lo incierto
y de lo cambiante.
Hágase tu voluntad aquí,
en la tierra de los pájaros, las hormigas y los peces,
que cantan tu inocencia y tu nombre, diluido
entre los nombres de los hijos de otros padres.
Daniel nuestro de cada segundo que nos enseñas
sin descanso a soñar,
impóngase tu voluntad de retorno eterno
y lenguaje lejano de símbolos creadores.
¡Devuélvete!
Con tus tentaciones y flores malignas.
Para que, extendidos los millones de brazos de tu reino,
sigas brillando, galaxia de misterios.
Para seguir contemplándote!
Nunca sabremos quién forjó la palabra
para el intervalo de sombra
que divide los dos crepúsculos.
Jorge Luis Borges
Wednesday, April 11, 2007
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